Los Negritos de Montehermoso
Montehermoso es un pueblo de Cáceres que vivió escasamente comunicado hasta mediados del siglo XX, cuando se construyó un puente sobre el río Alagón. Este relativo aislamiento ha permitido sobrevivir con bastante pureza una de las fiestas más antiguas y genuinas de toda Extremadura: Los Negritos de San Blas. Más de 15.000 personas (el triple de lo habitual) se acercan al pueblo para esta fiesta declarada en 2006 de Interés Turístico Regional; para conocerla se puede buscar algún vuelo a Badajoz (dado que el aeropuerto de Cáceres no está aún terminado).
Montehermoso empieza su fiesta entre la tarde del 2 de febrero y la mañana del 3, cuando llega la festividad de San Blas, evidentemente. Y los protagonistas son 7 bailarines, los referidos Negritos, que empiezan por acudir a casa del Mayordomo, quien les invita a vino y buñuelos caseros. Visten el traje típico, compuesto por camisa blanca, chaleco negro con bordados, pantalón de pana, medias, botines y un gorro cuartelero que ha sustituido al clásico Rocaol (un pañuelo de colores), aunque las últimas noticias dicen que se va intentar recuperarlo.
Luego repican las campanas anunciando la Velá y acuden a la ermita de San Sebastián, a cuya puerta danzan la Zapateta, trasladándose después a la de San Blas para bailar de nuevo. Aquí el Palotero, un personaje bufonesco que no obstante lidera al grupo (viste de colores y una mitra de obispo, pues San Blas lo fue en Armenia antes de morir martirizado), saca de su zurrón dos palos y unas enormes castañuelas de corcho y solicita ayuda a los demás en la interpretación al no sonar sus instrumentos. Pero los compañeros, ignorándole, siguen a lo suyo por parejas para después acompañar al cura en procesión alumbrada por velones de aceite. El resto de la noche callejean cantando floreas, unas antiguas canciones tradicionales.
Al día siguiente por la mañana se repite la visita al Mayordomo acompañados de un tamborilero, pero esta vez con una novedad: los Negritos se tiznan la cara con corcho quemado. A las 11 acuden a San Blas para la misa; aunque antaño no entraban a la iglesia por ser sus danzas demasiado paganas, ahora sí lo hacen, incluyendo al Palotero que no para de hacer bufonadas durante el oficio. Durante la Consagración, suenan los acordes del Himno nacional tocados por flauta, tamboril y castañuelas. Antes de acabar se colocan en la mano de la estatua del santo los llamados cordones de San Blas, que son de seda y sirven para proteger el cuello. Al salir los Negritos bailan ante la puerta y ya no pararán durante la procesión que lleva la imagen de San Blas hasta la Plaza de España, aun pedestal junto al Ayuntamiento. Allí se desarrollan diversos bailes populares y la gente lanza loas al santo. El resto de la jornada los Negritos callejean pidiendo la maná -donativo- a cambio de cordones de San Blas.
Las danzas que interpretan los Negritos son 17: Zapateta, Oficios, Mambrú, Ama del cura, Cardo, Cordón, Culebra, Pie, Gascona, Golondrina, Emperador, Moza gallarda, Sorda, Zarzas, Jaramago, Vuelos y Zorrita. Al parecer están ligadas a la leyenda sobre el origen de la fiesta, según la cual por esas fechas una familia de 7 hermanos llegaba al pueblo para bailar y pedir limosna a cambio; cada año interpretaban una danza distinta y cuando llegaron a 16, no teniendo más, decidieron tiznarse para repetirlas sin ser reconocidos. El obispo se dio cuenta y con la frase “Éstos son los negritos de Santo Tomé, que todos los años nos vienen a ver” les autorizó a regresar siempre. Por supuesto, la realidad es más prosaica y habla de un conjunto de tradiciones folklóricas con raíces muy antiguas y aportaciones diversas con al paso del tiempo.
Foto: wikipedia.org


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