El Tributo de las Tres Vacas en Roncal

Tributo tres vacas Roncal

Hace unos pocos meses, en enero de este 2011, que el Gobierno de Navarra declaró Bien de Interés Cultural Inmaterial la ceremonia del Tributo de las Tres Vacas que se celebra desde hace siglos -milenio, según alguna opinión- en las montañas de la región entre los valles de Roncal (España) y Baretous (Bajo Bearn, Francia). Se trata de la aplicación de un tratado entre ambas partes, el más antiguo vigente en Europa porque data del año 1375.

El origen de este peculiar ceremonial está en los enfrentamientos territoriales que había entre los habitantes de Roncal y los bearneses galos por las facerías, es decir, el uso de pastos y manantiales que los segundos hacían en terreno navarro. Al parecer, la ancestral armonía se rompió por alguna causa y fue sustituida por matanzas y venganzas, por lo que se terminó recurriendo a un mediador. Éste dictó sentencia en el referido año 1375, en tiempos de Carlos II de Navarra y Gastón III de Foix, vizconde de Bearn, según la cual los franceses entregarían anualmente tres vacas -sanas y sin cuernos- a cambio del derecho a usar los pastos.

La entrega se realiza en el collado de Ernaz (a 1.721 metros de altitud), donde antes estaba la Piedra de San Martín, sustituida a mediados del siglo XIX por un mojón fronterizo. Alrededor de él y ante miles de espectadores -para verlo basta reservar algún vuelo a Pamplona y desplazarse desde la capital- se reúnen los representantes de ambos lados con sus trajes típicos: sombrero, capote negro ribeteado en rojo, cuello a la valona y calzón corto para los españoles; boina y banda tricolor para los franceses. El alcalde de Isaba pregunta tres veces a los bearneses si están dispuestos a cumplir el acuerdo y los otros responden afirmativamente otras tantas. Entonces todos entrelazan sus manos sobre la piedra recitando -de nuevo tres veces- las palabras >Pax avant. Un veterinario reconoce la idoneidad de los bóvidos, se entrega un recibo, se nombran guardas para la zona y se levanta acta.

Antes dos de las vacas se llevaban a Isaba, rotando la otra por los pueblos de Garde, Urzainqui y Ustárroz; ahora regresan a Baretous y se deja su valor económico… medio amortizado por el banquete a base de carnero asado que ofrecen estos municipios a sus vecinos del otro lado. Comida y turismo terminan así aunando el beneficio de ambas partes con el de los curiosos, haciendo olvidar capítulos poco edificantes como la decisión del gobierno francés de suprimir el evento a finales del siglo XIX por considerarlo una ofensa nacional. Los propios bearneses pidieron su restitución porque necesitaban acceder a los pastos; al fin y al cabo, en muy contadas excepciones se había interrumpido esta ceremonia, como en la Guerra de los Treinta Años o cuando los alemanes la prohibieron durante la Segunda Guerra Mundial.

Foto: Gobierno de Aragón en Flickr

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