El Carnaval de Bielsa

Bielsa es un pequeño pueblo oscense de poco más de medio millar de habitantes que presume de tener uno de los carnavales más antiguos de España, originario de tiempos anteriores al cristianismo. Su origen se remonta a rituales paganos de fertilidad asociados a los ciclos estacionales similares a otros de Europa, por lo que resulta interesante verlo in situ reservando alguno de los vuelos a Huesca. En Bielsa, además, hay hotel para pernoctar.
En las fiestas de este remoto lugar perdido en los Pirineos resalta un elemento fundamental, el oso, que pese a haberse extinguido hace más de un siglo aún sigue vivo en la memoria colectiva y las costumbres, convertido en el protagonista del Carnaval gracias a una vieja leyenda: si el plantígrado salía una noche del letargo invernal y se encontraba con luna llena regresaba a continuar hibernando, lo que suponía un retraso de 40 días en la llegada de la primavera; si, en cambio, no había luna, el animal olvidaba su sueño y volvía a la actividad normal, símbolo de que se aproximaba el buen tiempo.
Pero el oso también era un habitante incómodo para los habitantes de la zona, pues, hambriento como estaba, atacaba los rebaños. Juntando ambos aspectos, el Carnaval belsetano recrea el intento del Hombre por imponerse a la naturaleza. Y, así, uno de los personajes centrales de los festejos es el Onso, que algunos mozos encarnan disfrazándose con un saco de arpillera relleno de hierba seca que no sólo les da volumen físico sino que les protege de los golpes en el lomo que les propinan los cuidadores, quienes les arrastran por las calles del pueblo con cadenas.
El Onso comparte protagonismo con otras figuras igual de emblemáticas. Es el caso de los Trangas, medio humanos medio animales, símbolos de fertilidad y virilidad que visten saya, camisa de cuadros, abarcas y se cubren con pieles de macho cabrío que rematan con la retorcida cornamenta de este animal, la cara pintada de negro con hollín y una dentadura fabricada con patata. A este aterrador aspecto se une su comportamiento amenazador, vociferante, obsceno, todo ello subrayado con el sonido de los cencerros que llevan en un cinturón de cuero y mueven con sus saltos. Además golpean el suelo con grandes trancas de madera para estimular la fertilidad de la tierra.
Si los trangas han de ser solteros, lo mismo ocurre con las Madamas, jóvenes elegantemente ataviadas con vestidos blancos y cintas de colores que metaforizan la pureza y que acuden a la plaza a bailar con los anteriores, aunque antes éstos las perseguían con lujuria. El elenco de personajes de Bielsa no acaba ahí: también hay que mencionar la Garreta, el Caballé, la Hiedra y el Amontato. Este último es un muñeco de cartón que representa a una anciana en cuyas espaldas carga con un hombre.
Los festejos, que tiene su día grande el fin de semana anterior al miércoles de Ceniza, terminan con el apaleamiento y quema de Cornelio Zorrilla, un muñeco que los ha presidido desde la primera jornada colgado de un balcón. El fuego destruye los males para el año que entra.

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